Vive

"El arte hace los versos pero solo el corazón es poeta"

domingo, 23 de junio de 2013

Aceptar

“La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de la voluntad del alma” – Gandhi

Sin instrucción pero con ganas de encontrarla y superar mi propio duelo...sí, amigos, porque esto es como un duelo que va flotando en tu interior, impaciente por salir y a la vez agotador, que conlleva ir conociendo y tachando ciertas fases que de aquí en adelante hay que superar, una a una, deslizándote, atravesando y avanzando. Probablemente alguna de ellas más sutil que otras, indiferente quizás a los ojos de los demás, pero sórdida igualmente para quien la lleva.

Quisiera dejar brotar mi alma aquí, para quien pueda leerme, para quien se vea un poco perdido, como yo, para quien se haya atascado en una de ellas y no contemple ni de lejos la siguiente, pues avancemos... juntos, cada uno con su experiencia pero con un objetivo común, traspasar el túnel psicológico.

En los comienzos de mi carrera me recomendaron leer un libro para poder llegar a entender a toda esa gente que sufrían un duelo. Cuando escuchamos esa palabra la tendencia es pensar directamente en la muerte de un ser querido, en la aflicción de esas personas que sufren la pérdida. Desde mi perspectiva podría decir que lo consideraría como el duelo psicológico universal, el que todos sufrimos en alguna etapa de nuestra vida, por ley. Pero realmente un duelo no ocurre solo en momentos así. Os invito a pensar ahora en esa gente que pierde un órgano de su cuerpo, que sufre un cambio drástico en su vida, un trauma, que tienen una ruptura amorosa, incluso aquellas madres que tienen hijos y estos hijos se van a vivir a un lugar lejano sabiendo que no podrán volver o lo harán dentro de mucho tiempo. Todos son ejemplos, pero todo es duelo, porque el duelo en sí es el sentimiento que se pone tras esa experiencia lamentable, el combate o la lucha psicológica por lograr entenderlo y asumirlo.

El libro se centraba en ese duelo que a todos nos toca alguna vez, reflejado desde el interior de esa gente. Un libro directo y sin eufemismos en donde el dolor traspasa la opereta lingüistica de la autora, Elizabeth Kubler: "Sobre la muerte y los moribundos".

En aquel momento era tan solo una recomendación, y hoy estoy orgullosa de haberlo leído, porque despues de hacerlo comprendí que hay cosas que cada persona siente a su manera, pero dentro de esas cosas también hay otras que ayudan a que ese sentir sea un poquito más agradable, momento escritos que te hacen pensar que, en tu feliz realidad, estás ahí también para dar un aliento a quien no lo tiene, y debes hacerlo. Acabas sintiendote mejor persona y logras saber entender el significado de un gesto en la mirada de otros. Cuando eres capaz de sentir lo que lees, cuando eres capaz de escuchar sin que hablen, también eres capaz de aplicar sin casi percibirlo. Así entendí yo el trato que debía dar a un paciente y a no restar importancia a los miedos de los demás. 

La experiencia es otro grado, y quise experimentarlo por cuanto me había aportado. Lo hice, de dos formas, buscando el efecto y encontrándomelo de frente:

 Busqué el efecto yendo a cursos dirigidos por esta vertiente, en donde me ponían en situaciones límite y trabajando en primera persona, experimentando mentalmente situaciones de otros en mi piel (obvio nunca lograrás entender las cosas en absoluto hasta que no te ocurren directamente), pero teneis que saber que no fui capaz de lograr llegar al final, que no superé algunas de esas pruebas psicológicas porque no me hacían indiferente y tiré la toalla porque conmigo se venía el sufrimiento a casa, un sufrimiento que era hipotético pero demasiado real. Tiré la toalla porque me daba vergüenza llorar, me daba vergüenza expandirme y sacarlo todo fuera delante de otros. Luego llegaba a casa y rompía ... y hasta el próximo día.... También os puedo decir que gracias a que fueron capaces de entender mi sensibilidad con el tema, recibí igualmente la distinción de ese curso y al entregarme el diploma la misma profesora me dijo: "En la enfermería, como en el arte, hay algo que se tiene o no se tiene".

Me lo encontré de frente con María, una señora de 87 años que se habían encontrado en la calle, tirada, mal cuidada y muy enferma,de la que apenas teníamos datos y tan solo sabíamos que era ciega, que a su edad vivía a la intemperie y que su vida se apagaría en pocos días. Cada vez que tratabas a esta mujer, los sollozos empezabas a escucharlos tras la puerta..., al atravesarla el aliento se transformaba en palabras de pesadumbre por no haber recibido el suficiente cariño de quienes se suponía debian estar rodeandola y no estaban. Tenía los ojos claros como el agua reflejada en un cristal y húmedos, siempre buscando tu presencia en algún ángulo.
María te envolvía con su lenguaje y con su dolor, te hacía sentir lo injusta que puede ser la vida muchas veces. Aunque mayor... distinguida por su perspicacia y por abrir la mochila de su vida ante tí y hacerte absorber vivencias que se clavaban como agujas directas al interior y que a la vez te hacían querer saber más y conocer.  Invitaba a desprenderte de todo el afecto y regalarselo, a querer verla sonreir al menos una vez, a traerla adelante y hacerle recordar los buenos momentos antes que los malos. Se murió delante de mí y antes de morirse me dijo: Niña...que bonitos ojos tienes...., aprendí... que no siempre son los ojos los que ven.

Estas cosas, este aprendizaje, esta devoción y esta debilidad, es que te hace sentir grande cuando desempeñas un trabajo así, es la vida en sí reflejada desde infinidad de almas que buscan sosiego en su pesar, en las que dejas empeño y de las que recoges verdaderos sentimientos , espontáneos y verdaderos. Es el trueque de experiencias en la anarquía de la existencia.

No vine a hablar de muerte, sino de etapas de duelo, y vine porque después de ciertos años me toca estar ya de una forma real en esta situación.

Desde que empecé a contar mi propia experiencia con mi cambios físicos y psicológicos, lo hice de una forma metódica, lo que sucede y como lo llevo, y lo hice cada vez desde un punto de vista diferente porque es obvio que yo misma voy sorteando obstáculos dentro de mí..., unas veces más animadas, otras más tristes, con garra o sin aliento.
En este instante quiero decir a toda esa gente que esté pasando una circunstancia parecida a la que yo paso, primero, que no se asuste..., que es normal y lógico que con los días vaya cambiando nuestro parecer respecto al problema. Es positivo. Señal de que estamos avanzando.

El duelo tiene 5 fases:

1) FASE DE NEGACIÓN: Negarse a sí mismo. Sentirse abatido. No aceptar el cambio y rechazar la nueva realidad.
2) FASE DE ENFADO/ODIO: Etapa de reproches a uno mismo o a los demás. Rabia interior.
3) FASE DE NEGOCIACIÓN: Aquí es cuando la persona trata de equilibrar su balanza, valorando las ventajas y desventajas del nuevo cambio.
4) FASE DE DOLOR EMOCIONAL:  Cuando comienzas a asumir el problema, a entender en lo que repercute, cuando entiendes que estás forcejeando contigo mismo por no ver la realidad, entonces llega la tristeza, la depresión.
5) FASE DE ACEPTACIÓN: Asumir. Aceptar. Adaptarse. No significa que todo se haya superado sino que aceptas el problema, te adaptas a él pero no lo olvidas.

Obviamente no todos los duelos son iguales, y dependerá mucho su transcendencia, de la dimensión o del significado de la pérdida. No siempre ocurren todas las fases, puede haber gente que experimente unas etapas y no otras, y tampoco siempre ocurren en ese orden. Como se suele decir en estos casos: "cada persona es un mundo", pero considero que sabiendo esto, al menos podreis entender que no es raro que tengamos estos sentimientos cuando ocurre un proceso de estas características, y sobre todo, también es importante para los que estan a nuestro lado, les ayudará a entender lo que vivimos por dentro y nos apoyarán mejor.

Por propia experiencia, no os calleis las cosas, dejad salir todo lo que guardais dentro y dejad que os escuchen y que puedan ayudaros. Sabed que muchas veces es necesaria la ayuda de un profesional para conseguir atravesar el túnel y eso no es ninguna vergüenza, sino una ayuda directa que nos va a hacer valorarnos mucho más.

Personalmente puedo deciros que yo, pasé ya por todas las etapas, ahí estoy en la última creo saltando de vez en cuando a la anterior, intermitentemente..., unas veces mejor de ánimo y otras un poco menos, pero siempre tratando de no hacerlo más grande, porque es así, porque tenemos muchísima vida por delante, muchísimas cosas que hacer y muchísima gente con quien compartirlas..., eso es lo que hay que ver. No estamos solos. El verdadero problema es cuando uno cree que puede con todo. Por supuesto..., puedes...,pero no te hagas el valiente, no es una inteligente apuesta.


Ahí os dejo una canción por no variar ;)