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Descubrir algo significa mirar lo mismo que esta viendo todo el mundo, y percibirlo de manera diferente.
Albert Szent Gyorgi |
Salí del hospital hinchada, colorada, lenta en mi caminar y con los músculos baldados, y sobre mi cabeza lucía un sol espléndido, propio de un verano de asfalto en Madrid. A mi lado caminaban mis padres, siguiendo mi ritmo, con una brillante sonrisa en la cara y mil dudas en la cabeza.
La perseverancia y la constancia se consituían como un nuevo reto personal y tras el cristal de mis ojos todo impresionaba diferente. A veces, pasamos por la vida como meros observadores, viviéndola como si no fuese a tener final, desaprovechando las oportunidades que surgen y pasando por alto trenes que sólo pasan una vez. Perdemos el tiempo preocupándonos, holgazaneando, buscando excusas que nos dejan estar tranquilos pero nos impiden ver más allá.
Al cruzar la puerta de salida... ví la vida, algo en lo que probablemente , no había reparado antes de aquello. Cuando eres capaz de sentir que la vida se besa íntimamente con la falta de ella y que , a un solo paso, puede ser acosada, te vuelves celosa.
Es posible que sintiese mis paseos más largos y cansados, que el sol me deslumbrase más de lo debido, incluso que mi ánimo estuviese envuelto en un mar de incertidumbre incompleta.., pero lejos de todo eso, aprendí, por primera vez, a disfrutar del camino, a destapar la oscuridad y a creer que , mañana, toda esa incertidumbre acabaría siendo certeza.
Este es un ejercicio que continúo haciendo ahora, cada vez, que salgo a la calle, con música en mis oídos, borro los pensamientos negativos de mi mente sustituyéndolos por las sensaciones que me da el paisaje, la brisa, el sol y las personas que se cruzan sin rumbo por delante de mí. Analizo lo que me rodea y le saco jugo y trato de convertir cada viaje en una excursión.
El ánimo fluctúa, como es evidente, va intimamente ligado a mi estado físico. Quizás en un momento caiga, pero no me retengo. No es fácil asumir que te ha quedado herencia de por vida, que los dolores van a ser habituales, que tus viajes a los médicos serán constantes o que dependerás de un tratamiento para vivir mejor, pero fuera de todo eso, existe siempre el apoyo de los que están contigo, que trabajan como tú en entenderlo cada día mejor y hacerte este camino más llevadero a pesar de que, en muchas ocasiones, esos cambios de ánimo terminen por romper con todo, cegarse y hacerte sentir lo peor por no saber controlarlos... aún así, jamás dejan de estar ahí.
Mi recuperación fue en Galicia, rodeada de aire puro, buenas comidas, pequeños ejercicios y una familia maravillosa. Ahí me he sentido como cuando era pequeña, hasta mocosa, con sobreprotección incluída. Mi mente estaba tranquila y mi cuerpo estaba mimado y afianzándose cada día más con la nueva situación. Todo fue a mejor y estaba preparada para comerme el mundo de nuevo. No había frustraciones.
"Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es
el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre
los que creen y los que disfrutan." (Friedrich Nietzsch)

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