Vive

"El arte hace los versos pero solo el corazón es poeta"

martes, 16 de abril de 2013

Primer síntoma


Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber. (Albert Einstein)



Hacía tiempo estaba inmersa en mis estudios, dándoles quizás más importancia de la que debiesen tener, con constancia y con muchísimas ganas de terminar. Estaba preparando un máster de Gestión y administración de enfermería, no porque quisiera realmente dedicarme a ello pero de lleno me aportaba y me abría conocimientos a una forma diferente de ver la profesión, desde el punto de vista de la organización y la calidad, y el saber cómo funcionan nuestros servicios fuera de la labor asistencial (que para mí siempre será la primera y la primordial).

Meses atrás había pasado por momentos de angustia total respecto a estos estudios. Unas veces fluían dejándote ese sabor de satisfacción enorme por haber concluído el día sin dudas... y otras veces me creaban una angustia desesperante por no saber controlar realmente todas esas acepciones nuevas que llegaban a mis neuronas como jarras de agua fría; entonces precisaba de mucho más tiempo para llegar a entender y ese tiempo se traducía en mí como un contrarreloj dentro de mi cabeza, entonces no solo no controlaba la lección, tampoco controlaba el tiempo y mucho menos mi estrés mental.

Dedicaba muchas horas a ello, quizás la mitad de ellas perdidas, y por la noche llegaba a mi trabajo con la cabeza cuadriculada, una sonrisa y una preocupación por pensar... ¿me dará tiempo mañana?.
Mis compañeras me animaron siempre y me ayudaron siempre, y entre sus pequeños consejos siempre estaba el de : ¡frena, descansa.. mañana será otro día!.

Realmente yo misma me sentía extraña. Nunca tuve problemas para estudiar y mucho menos para saber planificarme el tiempo, pero probablemente esa vez lo tomé como un reto personal que se me fue de las manos, y entre el estrés y la cabezonería, pasaba días enteros con verdadero dolor de cabeza, intranquilidad y sumo agotamiento.

Quedaban pocos meses para terminar. Mi proyecto de investigación prospectivo estaba en camino. A las horas de hospital se añadieron horas de búsqueda, lectura y análisis y, al supuesto descanso en casa se le había cambiado el nombre por: hora de poner todo en orden.

Eso estaba haciendo ese día. Ordenando todas las ideas dejándolas bien estructuradas en el cuadernillo de la entrega parcial del proyecto de investigación. Me llevó mi tiempo, pero me sentía bien orgullosa por haber llegado ahí sin perderme y fue en el momento de transcribir mis letras a ordenador cuando se me apagó la luz.

De repente apareció una nube delante de mis ojos que me impedía ver con claridad, la sensación de preocupación fue repentina, me autoculpé al instante, por haber forzado tanto la máquina, por idiota, por no haberme acostado cuando tenía que hacerlo y en todo caso, seguir más tarde. Me quedé muda. No es que no pudiese hablar, podía perfectamente, pero realmente no sabía cómo decir a Héctor que no podía ver bien, así que dije.. me voy a la cama.

No dormí bien, mi cabeza no hacía más que dar vueltas, una sensación de náuseas y mareos se apoderó de mí y cada dos por tres debía encender la luz para situarme y saber en dónde estaba. La nitidez en mi visión era peor cada vez que esa maldita luz se encendía y traté de caminar al baño para tan solo mirarme en el espejo. Mi cuerpo no respondía igual, estaba lento, y envuelto en un halo de gris y sonido submarino. Bueno, eso podía entenderlo, estaba tan cansada que era imposible creer que fuese a responder bien a los movimientos.

Llegué al baño, y el espejo se había transformado en agua, como si me estuviese viendo a un pez en plena pesca submarina y sin gafas. Ni de cerca, ni de lejos, ni frotandome los ojos. Los latidos se apuraban en mi pecho y la falta de respiración por la angustia era notable. Llamé a mi padre, es médico, podría ayudarme aunque solo fuese para decirme: si es que mira que eres idiota...  y bueno, como tampoco era cuestión de autoinsultarme ni de recibir galletazos, me dijo, descansa..., si es que tienes que descansar, ponte un paño frio en los ojos y duerme.

Creedme que lo intenté y que solo lo conseguí por dos horas más, y cuando mi pareja llegó del trabajo y se adentró en la habitación, él no era él, era una mole moviendose sin cara, una silueta engrosada, un dibujo de caricatura con hipérbole.

En ese momento empezó todo.....

"Tu visión devendrá mas clara solamente cuando mires dentro de tu corazón... Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta." Carl Jung


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