Vive

"El arte hace los versos pero solo el corazón es poeta"

jueves, 25 de abril de 2013

Frustración

El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído (Concepción Arenal)





No había frustraciones... ni las hubo... hasta que volví a mi vida habitual sin ayudas externas y todo se me hizo más pesado. La casa se me venía grande, el estar de baja traía en su regazo una pila de pensamientos amontonados, la falta de concentración era clara y las tareas en la que debiera implicar la mente requerían un tiempo, a mi modo de ver, excesivo para al menos llegar a entenderlas. Mi cansancio físico provocaba a su vez un agotamiento mental que a su vez traía un estrés supremo y por tanto un debilitamiento mayor. 

Me ahogué verdaderamente en vasos de agua y mi angustia muchas veces no sabía realmente por donde salir. Me asusté a mí misma con mis salidas de tono; con ello también herí sentimientos inconscientemente, y tras ello me costaba reconocerme en esa tesitura. Mi permanente sonrisa se convirtió en un torrente de lágrimas desordenadas que brotaban según cómo venía el aire. A las percepciones de la gente respondía ocultando el verdadero estado, por vergüenza posiblemente, porque no es fácil verte así y realmente no saber controlar por qué estás actuando así. 

Supongo que esta es una palabra que dije y voy a mencionar muchas veces: Incertidumbre. Esta acepción pocas veces trae algo bueno. Siempre será mucho mejor la certeza. Llegué a dudar incluso de lo que nunca debía dudar, me creí sola en una guerra y desarmada, y aunque sabía perfectamente que no era así, en mi interior se dividían las sombras y traían a mi cabeza un verdadero descontrol y sentimientos encontrados que no tenían ciertamente sentido. 

Pase una vez... pasen dos... a la tercera sabes que tienes un gran problema por delante y que te espera un gran ejercicio de asumir las cosas como una persona adulta. Tan solo es otra etapa por la que hemos de pasar, nadie nace sabido y encajar ciertas cosas en tu vida lleva su tiempo. Decidí por mí misma acudir a un psiquiatra y esperar que me diese las claves para llegar a controlar esa actitud desmesurada. 

Me encontré entonces en una situación de pánico un tanto inexplicable, porque ya mis dudas eran qué le iba a decir a ese señor cuando llegase el momento. Me sentía vergonzosa de nuevo. Abrir así tus adentros a una persona que no conoces de nada... no sé si me convence, pero al mismo tiempo pues piensas, todo lo que sea mejor para tí y para los que te rodean, bienvenido sea. 

Fui... y paradojicamente acudí muy tranquila. Hablé, me desahogué, me autoculpé por mis cambios emocionales, expuse lo que creía que sería correcto pero que en realidad no conseguía aplicar, me acordé de mi pareja, de mi familia, de mis amigos y pensé, pues vaya, qué idiota soy. Creo que estoy sola y sé que no estoy sola. Creo que mañana me quedaré en una silla de ruedas y realmente estoy poniendo un final a algo que es totalmente desconocido y hasta practicamente difícil que ocurra, creo que puedo hacer muchas cosas pero en el momento que me pongo a hacerlas mi agotamiento puede conmigo, creo que mucha gente no entiende mi nueva situación y por eso creo que he llegado a un punto en el que llevarme la contraria implica una contestación automática e hiperbolesca. 


Son tantísimas las cosas que se te pasan por la cabeza en un minuto que es imposible llegar a controlarlo todo como es debido. El umbral de estrés emocional está muy bajo, y llegar a rozarlo es sumamente fácil en una situación así. El psiquiatra no quiso darme medicación alguna (lo celebré), y optó por explicarme en buenas palabras que todo lo que estaba ocurriendo es que había pasado demasiado poco tiempo para asumir una cantidad de cosas importantes que formarían parte de mi vida diaria de ahora en adelante. Me recomendó que emplease ese tiempo libre en hacer lo que más me gustaba y que no tuviese miedo a expresar lo que sentía por muy desmesurado que fuese, ya que quien me rodeaba iba a entenderlo y sabría que era cuestión de tiempo. Me calmó bastante. Todo esto ya lo sabía, pero me calmó bastante. Cada día que pase asumirás un poco más y mientras asumes, controlas. 

La verdad es que después de aquella conversación y el empezar a trabajar, mi proceso de asumir avanzó a pasos agigantados. La música volvió a hacerse mi centro de atención (algo que necesitaba y que tenía un poco abandonado). Mi guitarra volvió a sonar, mi voz volvió a cantar y puede que no estudiase a un ritmo descomunal, pero poco a poco voy haciendo el camino. No he vuelto a llorar sin más. Me gusta sonreir. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario